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el órden en tan vasta poblacion, ni oídose el menor grito desaprobador de un paso, que tan peligroso se habia querido presentar por sus impugnadores.

Dió el Rey indicios de emprender el viage sin ninguna repugnancia, y aún señales nada equívocas de buen humor y de satisfaccion durante todo el tránsito. En la primera jornada anduvo largo trecho á pié sin ningun inconveniente, como si tratase de desmentir la opinion de los facultativos que se oponian á su viage. A pequeñas marchas; recibido con obsequio por los pueblos; objeto de respeto y de veneracion para cuantas personas le rodeaban; sin carecer de aquellas comodidades, y hasta del lujo y pompa debidas á su elevada condicion, llegó á Sevilla, por entonces término del viage, sin ningun azar, sin la menor molestia, sin ningun género de contratiempo. Se temia que por los dos lados del camino saliesen con objeto de apoderarse de su persona los facciosos de las inmediaciones ó de otras partes, con fuerzas muy considerables; pues tiempo habian tenido y mejor ocasion no podia ofrecérseles, de acometer una empresa de tanta importancia para ellos; mas no se presentó ninguno, y se verificó la marcha sin el menor inconveniente, como si estuviésemos en los tiempos mas tranquilos. Las Córtes que salieron de Madrid tres dias despues, hicieron su viage sin hallar ningun obstáculo. En el camino recibieron obsequios de respeto y veneracion de toda clase de personas. Las autoridades de los pueblos del tránsito, rindieron todas el homenage de su presentacion personal al presidente. La traslacion se verificó, pues, sin peligro, sin desórden, y en los primeros dias de abril se vieron todos en Sevilla sin ninguna novedad, despues de un viage un poco largo, pero cómodo.

Las primeras diligencias fueron, el preparar cuanto mas antes un salon provisional para las sesiones de Córtes. Habian terminado los ministros su mision, y no pudiendo ofrecerse ya ningun inconveniente para que leyesen sus memorias, debian sus funciones espirar en el momento que lo verificasen. El 23 de abril abrieron las Córtes sus sesiones. «El fuego sagrado y la tierna emocion, dijo el presidente (el Sr. Flores Calderon),

con que entre mil ansias y en el contraste de varios sentimien tos encontrados, dimos el último adios al heróico Ayuntamiento de Madrid, á quien yo no pude sin que mis ojos se arrasasen, recordar tantos dias de gloria como les debemos, parecian haberse difundido por todas partes y preparado todos los cora

zones. »

«Los gefes políticos á la cabeza de las diputaciones provinciales; los ayuntamientos constitucionales; los militares de todas armas; los magistrados y jueces; clero regular y secular; los establecimientos de instruccion pública; con muy pocas escepciones, todos á porfia nos esperan en los pueblos, y aún salen en medio de los caminos á presentar sus votos y manifestar sus deseos de contribuir á la dicha y prosperidad de nuestra patria, cimentada en su independencia y en la conservacion del código fundamental que tan de veras han jurado observar......

Se suscitó en la primera sesion un debate sobre asuntos diplomáticos. Como se habia hablado tanto en los dias que precedieron á la salida de Madrid y durante el viage, de las proposiciones que en sentido de negociacion se habian hecho al gobierno por las potencias estranjeras, sirvió de motivo para que en dicha sesion se tocase por algunos diputados este punto, y se pidiesen esplicaciones que calmasen la ansiedad de algunos, y satisfaciesen la curiosidad general tan escitada. El ministro de Estado contestó en público, lo mismo que habia indicado en particular á cuantos habian querido preguntárselo, á saber; que no existian negociaciones ni proposiciones de ninguna especie hechas al gobierno; que no habia recibido este nota alguna digna de la consideracion del Congreso nacional, desde las que en los primeros dias del año habian sido objeto de sus discusiones; que todo se reducia á conversaciones vagas é insignificantes, que no podian conducir á mas fin que ganar tiempo y sembrar desconfianzas en los ánimos; que algunas medidas propuestas por vias indirectas y nunca oficialmente, eran imposibles de verificar, hasta absurdas, y que no podian considerarse si no como medios inventados para crear mas embarazos; que la cuestion habia quedado zanjada y terminada

despues de las últimas comunicaciones, cuyas respuestas habian sido aprobadas en el seno de las Córtes; que era imposible, en fin, que las potencias aliadas, en caso de haber adoptado sentimientos mas favorables, se hubiesen contentado con indicaciones tan vagas, tan contradictorias, y cuyos resultados no podian desconocer en vista de lo ocurrido en aquellas circunstancias. Las Córtes parecieron quedar satisfechas con aquella esplicacion; Argüelles que adoptaba en un todo sobre el part?cular las miras del gobierno, habló en igual sentido, manifestándo que no habia motivo alguno para dudar de la sinceridad de aquel relato.

Para dar mas claridad á estas ideas, y revestirlas de un ca. rácter de oficio que no ofreciese duda alguna, pasó el ministro de Estado aquella noche en estender un apéndice á su memoria que ya no podia redactar de nuevo, puesto que debia ser leida el dia siguiente. Como no imaginaba que tendria que dar esplicaciones sobre puntos tan vagos, y que no podian tener el carácter de oficiales, las habia omitido en el primer escrito; pero se aprovechó de esta circunstancia para esprésarse sobre ellos, y por la última vez, del modo mas terminante y mas esplícito. El dia 24 de abril leyó su memoria, con el indicado apéndice; y el momento que siguió á este acto, fué el principio de la salida sucesiva de todos los individuos de aquel ministerio, pues cada uno dejó el puesto conforme leyó en el seno de las Córtes su respectivo documento.

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Asi concluyó aquel ministerio azaroso, que desde el 19 de' febrero en que habia sido exonerado por el Rey, no era propiamente ya gobierno.. Solo un espíritu de consecuencia con las Córtes; el desco de corresponder á su confianza, y un sentimiento de deber, llevado tal vez á la exageracion, le habia hecho arrostrar la terrible responsabilidad en que incurria, permaneciendo en el poder dos meses mas de lo que en rigor le es-taba prefijado; pero crecia en ellos á cada momento la profunda conviccion de que era indispensable la salida del gobierno y las Górtes de Madrid, y de lo dificilísimo, si no imposible, que en un cambio de ministerio llegaria á realizarse en tiempo, al menos 10

TOMO III.

oportuno. Conseguido este objeto con felicidad, y satisfechos de haber hecho, como lo hicieron, un servicio á la causa nacional, dejaron con placer sus puestos á que no tenian el menor apego, y que á escepcion de los dias 9 y 11 de enero en que fueron aplaudidos en el seno de las Córtes, no les ofrecieron ningun otro que no fuese mezclado de amarguras. Los gabinetes que les habian precedido, habian tenido amigos y enemigos, impugnadores y apologistas. Gontra este cuarto ministerio, ya comenzaban á declararse todos en los momentos que dejaron el poder; cuando vieron que á las amenazas de la Santa Alianza, se seguian los efectos que el buen sentido debiera haber previsto. Por las circunstancias sérias en que empezaba á verse la nacion, comenzaba á graduarse la conducta de los que dejaban sus riendas, sin reflexionar que no habia estado en sus manos evitarlas. ¡Así se juzga de todo por los resultados! Mas no nos anticipemos á los acontecimientos que pondrán mas en claro nuestra idea. Por lo demas no nos toca á nosotros juzgar con exactitud, ni menos con imparcialidad, donde somos parte, sobre todo habiéndonos limitado á consignar hechos que no pueden ser por nadie disputados. Contenido aquel ministerio en los términos constitucionales; gobernando en virtud de una de las facultades del Rey que pudo exonerarlos, y que los exoneró en efecto, hicieron cuanto les dictó la conciencia y sus medios alcanzaban, para conjurar una tempestad que les pareció desde luego inevitable. Si al principio de aquel año concibieron algunas ilusiones, las habian perdido casi todas á últimos de abril, y no porque se arrepintiesen de una conducta que habia sido en ellos necesaria, sino porque veian con dolor hasta qué punto el engaño, la intriga y la seduccion habian estraviado el entendimiento de los liberales, y oscurecido una cuestion que era tan clara, para el que quisiera examinarla por las reglas mas simples de la buena lógica.

CAPITULO XXXVII.

Invasion francesa.-Preparativos.-Entrada del ejército sin ningun obstáculo. -Pasan el Ebro.-Se retira Ballesteros á Aragon.-Pasa á Valencia á levantar el sitio de su capital.—Conducta del conde del Avisbal.—Desorganizacion de su ejército. Entrada de Bessieres en Madrid.-Es repelido con gran pérdida. Entrada de los franceses.-Nombramiento de nueva Regencia.—Instalacion del gobierno absolutista.-Sus actos.-Sesiones de las Córtes en Sevilla. Nuevo ministerio constitucional.-Se resuelve la salida del gobierno y de las Cortes á la isla Gaditana -Negativa del Rey.-Sesion del 11 de junio.-Nombramiento de Regencia provisional.-Salida del gobierno y las Córtes.-Cesa la Regencia en sus funciones á su llegada á la isla Gaditana.— Reconoce Morillo la Regencia de Madrid.-Lo mismo Ballesteros.-Reflexiones sobre la conducta de estos dos generales y del conde del Avisbal.— Operaciones de las tropas que no reconocen las capitulaciones.-Estado de la guerra en Cataluña.--Enfermedad de Mina.-Los franceses en Andalucía, --Ordenanza de Andujar.—Sitio de la isla Gaditana.

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Se

e habia verificado la invasion francesa el 7 de abril, cuando el Rey y las Córtes se hallaban en el camino de Sevilla. Despues de allanado el terreno con todas las artes empleadas para sembrar el miedo en unos, el halago en otros, la desconfianza y la discordia en todos, se decidió al fin el gobierno francés á lanzar sus huestes del lado acá del Pirineo, con el doble objeto de destruir las instituciones liberales de España, y de probar al mundo civilizado que los Borbones de Francia podian contar con un ejército. Contra lo primero, se habia declarado elocuente la oposicion de la Cámara de los diputados, y la prensa liberal en cuanto sus fuerzas permitian; mas aquella estaba supeditada por una inmensa mayoría, y la censura prévia que pesaba sobre el periodismo, le tenia condenado á poco menos que al silencio. El ejército era casi nuevo en su totalidad, como tenemos indicado; y si se atiende á que habian trascurrido mas de ocho años desde su última batalla,y las muchas depuraciones que la dominacion

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