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En 1874, en un discurso parlamentario, decia don Mariano Baptista lo que sigue: «De 40 años acá, gran parte de la historia ha sido reconstruida, la faz de las épocas cambiada, la fisonomía de la edad media presentada a nueva y verdadera luz: los viejos axiomas se borraron, apreciaciones seculares se perdieron; y esta transformación y este cambio radical, se ha debido, se está debiendo solamente a que los historiadores atienden un poco más. Ellos dieron de mano, ellos segregaron copias de segunda y tercera mano. y citas de unos a otros, y se contrajeron a buscar las fuentes, los documentos primitivos. Esta sola circunstancia de prestar su atención a los decumentos, de menos apreciar traducciones y comentarios, de encararse con el hecho palpitante; eso solo transformó la historia»..

El concepto crítico del grande orador, expresado para orientarse en debate político, pedía la atención y el estudio histórico, que requiere investigación prolija y una grande amplitud de examen, para que la historia de un pueblo no sea ya únicamente la de sus gobernantes, de sus generales y de sus hombres notables, sino la del pueblo mismo, estudiado en todas sus manifestaciones, sus costumbres, sus leyes, sus ideas, sus creencias, su vida material y moral; expuesto todo con verdad y claridad, para que del conjunto de hechos complejos resulte la reconstrucción exacta del pasado.

que tiene que luchar «Escribir la historia sumarios de los despa

Señalando las dificultades con el historiador, Macaulay dice asi: convenientemente, es decir, hacer chos y estractos de los discursos, repetir la dósis de epitetos encomiásticos o indignados, dibujar por medio de antítesis los retratos de los grandes hombres hasta poner en relieve cuantas virtudes y vicios contradictorios se combinaban en ellos, son todas cosas muy fáciles. Pero ser realmente un verdadero historiador es quizá la más rara de las distinciones intelectuales. Hay muchas obras científiaas que son absolutamente perfectas en su género. Hay poemas que nos inclinan a declararlos sin defectos, o marcados solo por algunas manchas que desaparecen bajo el brillo general de su belleza. Hay discursos, muchos discursos de Demóstenes particularmente, en que se ría imposible cambiar una sola palabra sin imperfeccionarlos. Pero no conocemos un solo libro de historia que se acerque a la historia tal como concebimos que debiera ser, y que no se desvíe grandemente ya a la derecha, ya a la izquierda de la linea exacta que debería ser su verdadero camino».

Al principiar nuestro trabajo, nos hemos citado los conceptos que dejamos copiados, de la primera autoridad intelectual de nuestra patria, en cuyas doctrinas y enseñanzas hemos tratado siempre de inspirarnos, y de una grande autoridad científica universal, no para caer en el desaliento, que más de una vez ha querido dominarnos en nuestros estudios, sostenidos con perseverancia durante largos años, sinó para declarar que no pretendemos el mérito de la originalidad de introducir en nuestra historia una forma que le fuera desconocida; solo nos proponemos escribir una historia general de Bolivia, como primera tentativa de su género que no la han querido emprender hasta hoy, en su conjunto, nuestros historiadores y publicistas, a los que hemos estudiado con esmerada proligidad, para formar un extenso bosquejo de la historia nacional, aspirando a que sea sobrepujado por trabajos superiores y que sirva de estímulo a nuestros gobernantes y hombres de letras,

II

«Carecemos de una historia patria», escribia monseñor Taborga en 1890: por extraño que parezca es lo cierto. Cortés escribió un Ensayo, que ni ese titulo merece. Los

Apuntes, debidos a la pluma de Urcullo, aun que apreciables como los de un contemporaneo de los sucesos que refiere, además de contraerse sólo a la guerra de la independencia, tienen lagunas y no pocas inexactitudes, fuera de la incorrección del lenguaje. No carecen de ese defecto y tienen otros muchos, las Memorias de Sànchez de Velasco que permanecen inéditas (1). Sin embargo y apesar de la incontestable inferioridad de instrución, Sánchez de Velasco se presenta con mejores dotes para historiador que Urcullo.

«La fecunda laboriosidad del señor Luis Mariano Guzmán nos ha dotado de una Historia de Bolivia, què aun que metódica y clara, es solo un compendio adecuado a la enseñanza. No se ha remontado el señor Guzmán a las fuentes históricas, limitándose su trabajo a copiar a Urcullo y Cortés».

En este juicio ha omitido monseñor Taborga, el más prolijo investigador de nuestros historiadores, la mención del importante Estudio Histórico de Bolivia por Ramón Sotomayor Valdés, así como de tantos otros opúsculos y compendios apreciables, destinados a la enseñanza.

Es evidente que carecemos de una historia patria. La historia de Bolivia está en el período de su formación y es digno de aplauso todo esfuerzo que se encamine a ese objeto.

Grande mérito tienen los «Apuntes para la historia de la revolución del Alto Perú» por Urcullo, publicados en 1855, ocultando el autor su nombre bajo el pseudónimo de Unos patriotas», tanto por haber sido quien los escribió contemporáneo de los sucesos que refiere, como por haber sido ese trabajo el primer ensayo en nuestra historia nacional, que ha servido de base a todos los que le han seguido y a algunos historiadores americanos sobre la guerra de la independencia.

El Ensayo de Cortés apareció en 1861, época de agitada lucha política, el apasionamiento del autor llega a la exaltación del polemista en la administración del gene. ral Belzu. La Historia àe Bolivia de Guzmán, tiene el mérito de su claridad y de su ordenación metódica; pero es sólo un compendio y apasionado en el jucio político. El Estudio Historico por Sotomayor Valdés, si bien esta precedido de una introducción que comprende en brevísimos

(1) Todavía está inédito este trabajo, que fué escrito en 1848; del que se han tomado algunas copias y el original se conserva en la biblioteca de la «Sociedad Geográfica Sucre».

rasgos toda nuertra historia, desde la guerra de la independencia, está consagrado particularmente, a la administración del general don José María Achá.

Es recomendable como texto de enseñanza, el compendio de la Historia de Bolivia por Demetrio Fernández de Córdova, que principia con la fundación del imperio de los incas y acaba con la revolución del general Daza.

Pertenece a ese género el trabajo de José Maria Camacho, «Compendio de la Historia de Bolivia», que ha avanzado hasta el pacto de tregua con Chile, en 4 de abril de 1884. Es interesante este opúsculo hasta que aparece la cuestión política y la lucha de los partidos, en la que estalla el apasionamiento del autor, de innegable talento, pero sin la calma y la prudencia que requiere el juicio de acontecimientos políticos contemporáneos, en los que se encontraba agraviado, por haber sido su padre, el benemérito general Camacho, uno de los princi-pales actores en ellos.

En 1899 publicó Pedro Kramer el tomo primero de la Historia de Bolivia, en 220 pàginas, anunciando la aparición del volúmen 2 al 10. La muerte prematura del autor cortó su trabajo en la parte publicada, que no pasa de los preliminares y concluye con el capítulo VIII, Cultura incaica. Este laborioso escritor seguía el plan de don Diego Barros Arana en la Historia general de Chile, y mostró marcada parcialidad regional y de raza, ya que no entró en la parte política.

Hacemos recomendación especial de un precioso opúsculo de Lecciones de Historia de Bolivia para la infancia, por Alcibiades Guzmán, escrito con sencillez y claridad, con precisión y método. Arranca desde los tiempos primitivos y concluye con la administración del general Campero. En 69 páginas de 8° menor, está lo que podemos llamar el epitome de la historta patria.

En 1908 publicamos un libro con el título de Estudios históricos de Monseñor Miguel de los Santos Taborga. Capítulos de la historia de Bolivia, compilados y ordenados de sus papeles inéditos. Esa publicación mereció el aplauso nacional, sin que le hubiesen faltado sus reparos.

Monseñor Taborga poseia dotes eminentes de historiador, por su exposición clara y sencilla, por su carácter investigador, por su paciencia y laboriosidad en comprobar la verdad y rectificar todo error, como por sus juicios severos, que, en ocasiones, por la vehemencia de su expresión, parecían apasionados

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